<?xml version="1.0"?>
<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://trabajosdefilosofia.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>TRABAJOS DE FILOSOFIA</title><description/><link>https://trabajosdefilosofia.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>SEGUNDO PARCIAL DOMICILIARIO</title><link>https://trabajosdefilosofia.blogia.com/2010/062101-segundo-parcial-domiciliario.php</link><guid isPermaLink="true">https://trabajosdefilosofia.blogia.com/2010/062101-segundo-parcial-domiciliario.php</guid><description><![CDATA[]]></description><pubDate>Mon, 21 Jun 2010 16:56:00 +0000</pubDate></item><item><title>INTRODUCCION A LA FILOSOFIA                                                                                                   por Ricardo Etchegaray</title><link>https://trabajosdefilosofia.blogia.com/2007/040502-introduccion-a-la-filosofia-por-ricardo-etchegaray.php</link><guid isPermaLink="true">https://trabajosdefilosofia.blogia.com/2007/040502-introduccion-a-la-filosofia-por-ricardo-etchegaray.php</guid><description><![CDATA[<p align="justify"></p><p align="justify">1. Hacerse amigo de la sabidur&iacute;a</p><p align="justify"></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El objetivo de esta obra es acceder a los modelos de pensamiento en las filosof&iacute;as, las ciencias, las artes y las t&eacute;cnicas, que puedan ser &uacute;tiles o interesantes para aquellas personas que est&aacute;n vinculadas y comprometidas en las "cuestiones sociales", acompa&ntilde;ando el trabajo, el conocimiento y el dolor cotidianos de los m&uacute;ltiples actores sociales que actualmente luchan por dignificar su existencia y contra las formas de dominaci&oacute;n e injusticia. Los que se han preocupado y ocupado de las "cuestiones sociales" alguna vez, <em>saben</em> que &eacute;stas son realidades complejas y la historia ense&ntilde;a que la filosof&iacute;a es una actividad ligada a lo complejo, que requiere del deseo, de la amistad, del compa&ntilde;erismo, de la pasi&oacute;n y, de aquello que se podr&iacute;a llamar, el "gusto por lo complejo". Puede parecer extra&ntilde;o que se hable de <em>gustos</em> en el &aacute;mbito del saber, ya que se suele suponer que los gustos, los deseos o las pasiones, pertenecen a la esfera de la sensibilidad mientras que el saber ser&iacute;a propio del &aacute;mbito de la raz&oacute;n. Sin embargo, el significado del t&eacute;rmino <em>saber</em> est&aacute; emparentado etimol&oacute;gicamente con el de <em>sabor</em>. Por ejemplo: que "la comida <em>sabe</em> bien" quiere decir que tiene buen sabor, que es agradable al gusto. De alguna manera la filosof&iacute;a est&aacute; vinculada con el gusto y la sensibilidad porque supone cierto amor y amistad (<em>filo</em>).</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De lo anterior se sigue que no se trata de una actividad neutra, "objetiva", desinteresada o descomprometida, sino todo lo contrario. La pr&aacute;ctica de la filosof&iacute;a requiere del compromiso y de la pasi&oacute;n. Sin embargo, no hay que suponer que aquellas pasiones (o, como lo llamaban los griegos: aquel <em>pathos</em>)<em> </em>requeridas como condici&oacute;n, se encuentren ya <em>desarrolladas</em> de manera "natural" en todos los lectores que se aventuran en esta empresa, aunque s&iacute; se supone en los lectores de este libro cierta <em>curiosidad</em>, cierta <em>inquietud</em> ante la realidad vivida, cierto <em>descontento</em> o <em>insatisfacci&oacute;n</em> con el saber anteriormente adquirido. Se supone tambi&eacute;n cierta <em>confianza</em> en que el di&aacute;logo con los grandes pensadores de la tradici&oacute;n filos&oacute;fica vaya fortalecimiento los lazos de "amistad con la sabidur&iacute;a" (dicho en griego: <em>filosof&iacute;a</em>) buscados, tal vez oscuramente o tal vez infructuosamente, en los aprendizajes anteriores. Se supone finalmente cierto <em>esp&iacute;ritu de aventura</em>, cierta <em>ansia de lucha y de pol&eacute;mica</em><a name="_ftnref1" href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007040502#_ftn1" title="_ftnref1"><sup><sup>[1]</sup></sup></a>, cierta <em>valent&iacute;a</em> para enfrentar los riesgos de la traves&iacute;a, cierta <em>soberbia</em> para encarar a los campeones del pensamiento, cierta <em>humildad</em> acorde con nuestra ignorancia. Las fuerzas de las pasiones requeridas para la tarea que se emprende est&aacute;n presentes, al menos virtualmente, en cada uno de los lectores y podr&aacute;n ser despertadas, inflamadas y educadas cuando resulten necesarias. En todo caso, es menester estar atentos, "velar las armas", evaluar las fuerzas, cuidarlas. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El verbo "pensar" deriva de "pesar" y "sopesar", que significan "ponderar el peso de algo", "examinar algo". La etimolog&iacute;a permite advertir que los pensamientos <em>pesan</em>, que ejercen una fuerza, que gravitan. Es como si con los pensamientos ocurriese lo mismo que con los cuerpos: var&iacute;an sus masas y var&iacute;an sus pesos, lo que determina que se requieran distintas fuerzas para poder ser levantados o sostenidos. Es prudente, en consecuencia, ponderar las propias fuerzas a la hora de enfrentar, sostener o levantar un pensamiento. No se trata, simplemente, de no poder <em>entender</em> un pensamiento o de no poder aprehenderlo completamente, porque hay pensamientos que pueden, literalmente, <em>aplastarnos</em>. Es menester, entonces, <em>cuidar</em> las propias fuerzas.</p><p align="justify"></p><p align="justify">2. Elevaci&oacute;n y conversi&oacute;n</p><p align="justify"></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El t&iacute;tulo de este cap&iacute;tulo puede llamar a enga&ntilde;o, puesto que se entiende por <em>introducci&oacute;n</em> la acci&oacute;n de entrar a un lugar o &aacute;mbito y, l&oacute;gicamente, s&oacute;lo podemos entrar si estamos <em>afuera</em>. As&iacute;, "introducci&oacute;n a la filosof&iacute;a" significar&iacute;a entrar, desde afuera, desde lo que no es filosof&iacute;a, al &aacute;mbito interior de la filosof&iacute;a. El enga&ntilde;o consiste en que esto no es posible: no se puede <em>ingresar</em> a la filosof&iacute;a sino filos&oacute;ficamente, haciendo filosof&iacute;a, filosofando. Parad&oacute;jicamente, se ingresa <em>desde</em> <em>dentro</em>. Pero si lo que se hace al ingresar es <em>lo mismo</em> que se hace una vez ingresados, no se trata de dos actividades <em>diferentes</em> y la distinci&oacute;n afuera/adentro no resulta ya adecuada. Martin Heidegger advierte que una "introducci&oacute;n a la filosof&iacute;a" no es un tr&aacute;nsito de afuera hacia adentro porque la filosof&iacute;a es una <em>actividad</em> que pertenece a la <em>esencia del hombre</em> y, en consecuencia, en tanto somos hombres, en tanto existimos, de alguna manera, filosofamos. Pero, aunque el filosofar es propio de la esencia humana, sin embargo no siempre est&aacute; "activado", no siempre est&aacute; "despierto" y, en tal caso, el objeto de una "introducci&oacute;n a la filosof&iacute;a" no es transitar desde exterior hacia el interior sino <em>poner en actividad</em> la propia esencia, <em>despertar</em> al pensar<a name="_ftnref2" href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007040502#_ftn2" title="_ftnref2"><sup><sup>[2]</sup></sup></a>.</p><p align="justify">Algunos autores prefieren hablar de <em>iniciaci&oacute;n</em> en la filosof&iacute;a, pero el t&eacute;rmino suscita los mismos equ&iacute;vocos y el enga&ntilde;o subsecuente. En consecuencia, esta <em>introducci&oacute;n</em> no ser&aacute; entendida como un tr&aacute;nsito de afuera hacia adentro, sino como una <em>elevaci&oacute;n</em> desde lo m&aacute;s simple hacia lo m&aacute;s complejo. Si se trata de iniciarse en la filosof&iacute;a hay que comenzar por lo m&aacute;s simple.</p><p align="justify">En cualquier caso, el movimiento de elevaci&oacute;n de lo simple a lo complejo requerir&aacute; de un proceso paralelo de <em>conversi&oacute;n</em>. "Con-vertirse" significa "volcarse junto con...", "vertirse conjuntamente". Es menester transformarse a s&iacute; mismos para poder "volcarse junto con otros" en este proceso. Her&aacute;clito dec&iacute;a que no podemos ba&ntilde;arnos dos veces en el mismo r&iacute;o. Esto es as&iacute;, no solamente porque el r&iacute;o en el que nos sumergimos y del que emergemos ya no es el mismo, sino tambi&eacute;n porque nosotros, al salir del r&iacute;o, ya no somos los mismos que cuando entramos. Pero el concepto de "conversi&oacute;n" no hace referencia a cualquier transformaci&oacute;n individual o exterior, sino a un cambio radical en la forma de vida personal o comunitaria. Los fil&oacute;sofos y te&oacute;logos cristianos estudiaron las condiciones psicol&oacute;gicas, sociales, ontol&oacute;gicas y salv&iacute;ficas de los procesos de conversi&oacute;n. La iniciaci&oacute;n en la filosof&iacute;a, si se trata verdaderamente de filosof&iacute;a, conlleva necesariamente un proceso de conversi&oacute;n, de un cambio radical del modo de vivir.</p><p align="justify"></p><p align="justify">3. Historicidad e incertidumbre ante la totalidad</p><p align="justify"></p><p align="justify">Si bien iniciarse en la filosof&iacute;a es un proceso de elevaci&oacute;n de lo simple a lo complejo, este proceso <em>no se inici&oacute;</em> con nuestra <em>iniciaci&oacute;n</em> sino que hemos sido precedidos por una tradici&oacute;n de dos mil setecientos a&ntilde;os. Nos iniciamos en algo que, en cierto sentido, <em>ya est&aacute; iniciado</em> desde hace mucho tiempo y ha sido desarrollado en la tradici&oacute;n europea-occidental nacida con los antiguos griegos. Abordamos un nav&iacute;o que ya ha navegado por mares conocidos y desconocidos. Sin embargo, se advertir&aacute; enseguida que la filosof&iacute;a es una actividad, una <em>praxis</em> que, como toda acci&oacute;n, existe mientras se la hace, mientras se act&uacute;a o actualiza. Se podr&iacute;a decir, en cierto sentido, que la filosof&iacute;a necesita de nosotros, requiere de nuestra <em>praxis</em> para seguir existiendo. Pero, parad&oacute;jicamente, no podemos actuar, actualizar o activar la filosof&iacute;a sin tener en cuenta el proceso hist&oacute;rico en el que se invent&oacute;, se desarroll&oacute; y se recre&oacute;. Desde esta perspectiva, como ha mostrado Hegel, la filosof&iacute;a se identifica con su historia. Ya sea que nos consideremos continuadores de esta historia, ya sea que la impugnemos en parte o globalmente (como Nietzsche o Heidegger), la actividad filos&oacute;fica est&aacute; inserta en la tradici&oacute;n o en las tradiciones, que nos remiten a su historia. Que la filosof&iacute;a es <em>hist&oacute;rica</em> significa aqu&iacute; que <em>el pensamiento siempre est&aacute; situado en una &eacute;poca singular</em>, en un mundo concreto. No se trata entonces de una colecci&oacute;n de dichos y sentencias de distintos fil&oacute;sofos a lo largo de la historia ni se trata de pensamientos que sean verdaderos independientemente del momento hist&oacute;rico en que se los enuncie o piense. No solamente hay que considerar las condiciones hist&oacute;ricas de las filosof&iacute;as sino que es necesario partir de cierta conciencia hist&oacute;rica de nuestra propia &eacute;poca y del mundo que nos ha tocado.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los seres humanos vivimos hoy, a comienzos del siglo XXI, en un mundo estallado, roto, fragmentado, dislocado. Vivimos en un mundo que ya no puede constituirse como tal, en tanto el significado del concepto "mundo" implica una "totalizaci&oacute;n de sentido", una &uacute;nica realidad en la que las cosas, los hombres y Dios o los dioses se relacionan, vinculan y articulan entre s&iacute; formando las partes o los momentos de una totalidad que los engloba, los comprende, les confiere identidad y sentido. Vivimos en una &eacute;poca parad&oacute;jica, ya que al mismo tiempo que se produce una tendencia a la "globalizaci&oacute;n", a la planetarizaci&oacute;n de un modo de vida propiciado por el mercado y por la ciencia y la t&eacute;cnica modernas, sentimos, percibimos y experimentamos (lo que podr&iacute;amos llamar) una <em>incertidumbre ante la totalidad</em>. Los hombres de hoy sabemos que los saberes de las ciencias y los instrumentos de las t&eacute;cnicas han permitido a la civilizaci&oacute;n occidental desarrollar un poder incomparable con el de cualquier &eacute;poca anterior, que permite dominar, controlar y utilizar las energ&iacute;as naturales para que sirvan a los fines humanos. El vapor, el petr&oacute;leo, la electricidad, la energ&iacute;a at&oacute;mica se someten a las necesdades de los hombres y se doblegan a sus imposiciones. <em>Sabemos c&oacute;mo operar</em> y las m&aacute;quinas que hemos inventado lo hacen eficientemente. Incluso estamos en condiciones de suplir el esfuerzo del trabajo humano por "sistemas expertos" y robots m&aacute;s eficientes, m&aacute;s productivos, m&aacute;s econ&oacute;micos, incluso m&aacute;s limpios y obedientes. Sin embargo, la contracara de estos &eacute;xitos, que nos ponen en una situaci&oacute;n hist&oacute;rica absolutamente novedosa e in&eacute;dita, es la <em>incertidumbre ante la totalidad</em>: cuanto m&aacute;s riguroso es nuestro control sobre cada uno de estos procesos, m&aacute;s inestable y descontrolado se vuelve el conjunto; cuanto mayor es el dominio sobre la energ&iacute;a at&oacute;mica, mayores son los riesgos de la extinci&oacute;n nuclear y de la contaminaci&oacute;n radioactiva; cuanto m&aacute;s productivos y eficientes son los procesos de trabajo, mayor es la desocupaci&oacute;n estructural; cuantos m&aacute;s datos se tienen sobre las lejan&iacute;as del espacio exterior o del espacio subat&oacute;mico, m&aacute;s incertidumbre se genera sobre las cercan&iacute;as: sobre las desigualdades sociales crecientes, sobre las injusticias cotidianas, sobre los exterminios masivos de la historia reciente. Pareciera que la civilizaci&oacute;n occidental ha generado y desatado un <em>poder</em> in&eacute;dito que ha desbordado completamente nuestra capacidad de control y cuyos efectos son inversamente proporcionales a los esfuerzos que se realizan para controlarlo. Cuanto mayor es el intento de control, mayor es la imprevisibilidad y la incertidumbre que se generan. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Planteado de otra manera: cuanto m&aacute;s racionales son nuestros medios e instrumentos, m&aacute;s irracionales son los fines o el sentido de las acciones transformadoras. Pareciera que los medios, los instrumentos, las m&aacute;quinas, los m&eacute;todos, funcionaran de acuerdo a una racionalidad u orden, que ha llegado a ser completamente aut&oacute;nomo de los fines u objetivos. La "racionalidad" instrumental consiste en calcular los medios para alcanzar determinados fines con el menor gasto y el mayor r&eacute;dito posibles. Es una l&oacute;gica que permite ordenar las cosas, los objetos &uacute;tiles, lo manipulable. En el &aacute;mbito econ&oacute;mico, entendido como aquel donde se administran los recursos, esta l&oacute;gica es completamente l&iacute;cita, pero cuando se pretende extenderla a toda realidad, incluyendo el &aacute;mbito de lo humano y social, resulta inadecuada porque ordena a las personas y a los sujetos sociales como si fuesen cosas. El resultado de esta extensi&oacute;n de la racionalidad instrumental hacia todos los &aacute;mbitos de la realidad es la p&eacute;rdida del sentido y la cosificaci&oacute;n de lo humano.</p><p align="justify">Desde la perspectiva de la "racionalidad" instrumental s&oacute;lo se considera objetivo y racional aquello que tiene una utilidad, lo que sirve para algo. As&iacute;, la ciencia y la t&eacute;cnica conocen y producen objetos &uacute;tiles, como por ejemplo, el conocimiento de la energ&iacute;a at&oacute;mica, que permite la construcci&oacute;n de aparatos que ayudan al tratamiento de enfermedades, usinas y bombas at&oacute;micas. Son racionales porque cumplen perfectamente la funci&oacute;n para la que han sido creados. Si se los usa para el bien o para el mal, depende de los fines &eacute;ticos o pol&iacute;ticos, que por ser tales, no se consideran racionales ni objetivos. Si el &uacute;nico orden que se acepta es el de la racionalidad instrumental, entonces, todo fin u objetivo no instrumental se convierte en <em>irracional</em>. Por eso, Horkheimer y Marcuse han denunciado insistentemente este <em>sistema</em> que desconf&iacute;a de la racionalidad de los fines al mismo tiempo que se imposibilita el pensamiento y la comprensi&oacute;n de la totalidad. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde esta perspectiva, se podr&iacute;an distinguir en la &eacute;poca moderna dos procesos: uno objetivo y otro subjetivo. El proceso objetivo es la fragmentaci&oacute;n <em>de hecho</em>: a mayor control, mayor incertidumbre. El proceso subjetivo es la renuncia a pensar y comprender la totalidad y el sentido de esa totalidad. No se trata, quiz&aacute;s, de una renuncia <em>conciente</em> o <em>querida</em>. Tal vez se trate de un cierto <em>olvido</em>. &iquest;Habremos olvidado c&oacute;mo pensar la <em>totalidad</em>? &iquest;Habremos perdido las capacidades y habilidades para comprender el <em>sentido</em> de nuestro mundo? &iquest;No seremos ya capaces de vivir en un <em>mundo</em>?</p><p align="justify"></p><p align="justify">4. El gusto por lo complejo</p><p align="justify"></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Trataremos de apropiarnos de los logros de la filosof&iacute;a en su historia, desarrollando ese <em>gusto por lo complejo</em> del que habl&aacute;bamos algunos p&aacute;rrafos antes. Es un gusto por los problemas, por la preguntas m&aacute;s que por las soluciones o las respuestas. Sin embargo, no se parece al placer de algunos pescadores o cazadores que abandonan sus presas a la descomposici&oacute;n una vez que las han atrapado. No se trata solamente ni principalmente del placer ante la destrucci&oacute;n y la cr&iacute;tica. Tampoco es un af&aacute;n de complicaciones, de vueltas y m&aacute;s vueltas, de divagues que nunca llegan a t&eacute;rmino. El gusto por lo complejo es el disfrute de la realidad en su riqueza, en su densidad, en la variedad de sus poblaciones, en las tonalidades de sus universos. </p><p align="justify">El gusto por lo complejo est&aacute; asociado a cierta tozudez o persistencia en las preguntas. En la vida cotidiana generalmente nos damos por satisfechos con la primera respuesta razonable a una pregunta o a un problema, si ella nos permite salir del paso y seguir atendiendo a nuestras necesidades. En filosof&iacute;a, por el contrario, deberemos aprender a no darnos por satisfechos con la primera respuesta, desconfiando o sospechando no s&oacute;lo de la respuesta sino, ante todo y m&aacute;s fundamentalmente, <em>de la pregunta</em>. Quiz&aacute; la pregunta est&eacute; mal planteada; quiz&aacute; no hemos desarrollado a&uacute;n las mediaciones que permiten contestarla; quiz&aacute; no comprendimos cabalmente <em>lo preguntado</em> en la pregunta... Ser&aacute; necesario, entonces, <em>insistir</em> en las preguntas, sin retroceder ante las contradicciones o los absurdos. El retroceso ante la contradicci&oacute;n forma parte de lo que antes llamamos "el proceso subjetivo" por el cual se ha renunciado a pensar y comprender la totalidad y el sentido de esa totalidad. La contradicci&oacute;n parece un l&iacute;mite infranqueable para el pensamiento racional, pero lo es solamente para aquella forma de pensamiento que identifica a la raz&oacute;n con un instrumento, para aquella inteligencia de los medios.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En nuestra &eacute;poca, por primera vez el planeta se ha unificado, por primera vez la tierra entera compone una trama &uacute;nica de relaciones, por primera vez en la historia la civilizaci&oacute;n humana se ha globalizado y, parad&oacute;jicamente, en este mismo momento hist&oacute;rico, hemos renunciado a la posibilidad de pensar esa totalidad, de comprender su sentido, de conocer su fundamento. Se podr&iacute;a decir que lo que nosotros mismos hicimos y hacemos, sobrepasa y desborda nuestra conciencia y nuestro saber. Friedrich Nietzsche advert&iacute;a, hacia fines del siglo XIX, que los hombres hab&iacute;an producido un acontecimiento para el cual no estaban preparados. Preguntaba: "La grandeza de este acto, &iquest;no es demasiado grande para nosotros?" Y esto que Nietzsche anunciaba como un problema de los siglos venideros, en los cuales podr&iacute;a desarrollarse la fortaleza para asumirlo, es la cuesti&oacute;n casi cotidiana que enfrentamos en nuestros d&iacute;as. No <em>sabemos</em> aquello que nosotros mismos <em>hacemos</em>. Nuestra <em>praxis</em> nos ha desbordado. Esta afirmaci&oacute;n, que es probablemente falsa en lo particular y espec&iacute;fico, es <em>verdadera</em> en lo global y general. Mientras que la realidad se ha globalizado, el saber se ha especializado. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sobre esta base podr&iacute;a decirse que, desde el "descubrimiento" de Am&eacute;rica a partir del cual la realidad se ha globalizado, los problemas que cada pueblo singular tiene que resolver son <em>los mismos</em> para todos. Dicho en otros t&eacute;rminos: los problemas son generales, universales. Por ejemplo, los antiguos griegos resolvieron el problema de la participaci&oacute;n del pueblo en los asuntos comunes creando la instituci&oacute;n de la <em>polis</em>, la ciudadan&iacute;a, la geometr&iacute;a, la filosof&iacute;a, la pol&iacute;tica, etc.. Este era un problema espec&iacute;ficamente griego, aun cuando la soluci&oacute;n griega sea, al mismo tiempo, una soluci&oacute;n hist&oacute;rico-universal, es decir, un modelo que responde virtualmente a cualquier pueblo en un proceso de evoluci&oacute;n <em>semejante</em> y que puede ser <em>apropiado</em> por cualquier pueblo en esas condiciones. En cambio, los problemas que tienen los pueblos en nuestra &eacute;poca ya no son espec&iacute;ficos de ninguno de ellos, sino que son problemas universales. La inflaci&oacute;n, la desocupaci&oacute;n, la exclusi&oacute;n social, la ampliaci&oacute;n de la brecha entre ricos y pobres, la incertidumbre global, la contaminaci&oacute;n ambiental, el descompromiso o la no participaci&oacute;n crecientes, la fragmentaci&oacute;n y "dividuaci&oacute;n" de las relaciones humanas (por nombrar algunos), son <em>problemas universales</em>, planetarios, globales. Nadie puede ignorarlos o desatenderlos, pero tampoco nadie los ha resuelto de manera satisfactoria <em>para todos</em>. De aqu&iacute; que no nos sean &uacute;tiles las respuestas (o las recetas) de los otros, en tanto efectuadas desde y <em>para</em> la particularidad. Si pensamos <em>situadamente</em>, es decir, desde nuestras condiciones locales, epocales, particulares, no tendremos m&aacute;s remedio que partir de lo particular, pero ello no determina que las respuestas sean v&aacute;lidas s&oacute;lo <em>para</em> la particularidad. Si las soluciones halladas no son v&aacute;lidas para todos no se debe a que partan de la particularidad sino a que lo que responde a esa particularidad no responde de igual manera a otras o, lo que es peor, implica o supone que las otras particularidades no puedan adoptar las mismas respuestas. Queremos saber, como parte de esta "introducci&oacute;n a la filosof&iacute;a", qu&eacute; mundo nos ha tocado y cu&aacute;l es nuestro papel en &eacute;l. Deberemos preguntarnos en cada uno de los cap&iacute;tulos por los que transitaremos, qu&eacute; conceptos y qu&eacute; categor&iacute;as nos permiten comprender mejor el mundo que vivimos y c&oacute;mo manejarnos en &eacute;l de acuerdo a nuestra condici&oacute;n humana. Si este curso nos permitiera avanzar algo en este sentido habr&iacute;a cumplido su objetivo b&aacute;sico.</p><p align="justify"></p><p align="justify">5. Incomodar, entristecer, criticar</p><p align="justify"></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quiz&aacute; sea &eacute;ste el momento de advertir sobre algunos "inconvenientes" o, mejor dicho: sobre la filosof&iacute;a como una <em>actividad inconveniente</em>. Lo "conveniente" es lo que "viene juntamente con...", es el "venir a reunirse junto con los otros" y es "lo que responde a nuestros intereses". La filosof&iacute;a ha hecho y ha sido lo contrario de lo conveniente: la filosof&iacute;a incomoda, desacomoda, desaf&iacute;a, alienta conflictos, genera <em>p&oacute;lemos</em> (discordia). Los fil&oacute;sofos siempre han hecho demasiadas preguntas, siempre han cuestionado las formas de vida aceptadas, siempre han desacreditado las convicciones m&aacute;s arraigadas, siempre han sospechado de lo m&aacute;s obvio y consagrado. Max Horkheimer dec&iacute;a que la filosof&iacute;a no cumple ninguna funci&oacute;n dentro del orden de cosas establecido. Su funci&oacute;n no es <em>servir para</em> algo, puesto que esto oculta siempre un <em>servir a alguien</em>, es decir, estar al servicio de alguna forma de dominaci&oacute;n. La filosof&iacute;a ha desempe&ntilde;ado una funci&oacute;n <em>cr&iacute;tica</em> en la sociedad y quienes ejercen esta funci&oacute;n suelen pasarla mal, puesto que desubican e irritan a todos los que han aceptado esa forma de vida (que suelen ser la mayor&iacute;a o los m&aacute;s poderosos o ambos). Adem&aacute;s, la filosof&iacute;a no incomoda solamente a los otros, tambi&eacute;n incomoda a sus propios cultores. Ciertamente, no se trata de un ejercicio de masoquismo, que busque obtener placer del propio sufrimiento o dolor. No se trata de molestar o incomodar por el gusto de hacerlo. Se trata de cuestionar y de acicatear a los individuos y a las gentes para que no se abandonen a las formas de vida establecidas y su jerarqu&iacute;a de valores sin evaluar si tal modo de vivir es o no adecuado a la dignidad del ser humano, a la condici&oacute;n de seres libres. Darse cuenta de que se ha aceptado vivir como esclavos, tomar conciencia de que se vive de una manera innoble "por propia voluntad", es algo que <em>entristece</em>. Por eso Gilles Deleuze dice que una "filosof&iacute;a que no entristece o contrar&iacute;a a nadie no es filosof&iacute;a"<a name="_ftnref3" href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007040502#_ftn3" title="_ftnref3"><sup><sup>[3]</sup></sup></a> y agrega que s&oacute;lo la filosof&iacute;a ha combatido toda mistificaci&oacute;n, todo sentido falso de la vida, toda "estupidez". Est&aacute; claro que no se refiere a la estupidez individual de algunos menos inteligentes o menos preparados. La estupidez que combate la filosof&iacute;a es la de someterse voluntariamente a cualquier forma de dominaci&oacute;n, <em>incluso la de la libertad</em>. Lo que es inaceptable para la filosof&iacute;a es que se quiera ser dominado no importa por qu&eacute; o por qui&eacute;n. La filosof&iacute;a nos impulsa a examinar, cuestionar y transformar los mecanismos ciegos, la voluntad e incluso el deseo que nos empujan a someternos. Lo que la filosof&iacute;a no puede aceptar sin disolverse ella misma es que se coarte la experimentaci&oacute;n de mejores formas de vida, que se restrinja la actividad del pensar, que se limite el ejercicio de la libertad. "&iquest;Existe alguna disciplina -pregunta Deleuze-, fuera de la filosof&iacute;a, que se proponga la cr&iacute;tica de todas las mistificaciones, sea cual sea su origen y su fin? &iquest;Qui&eacute;n, a excepci&oacute;n de la filosof&iacute;a, se interesa por todo esto?"<a name="_ftnref4" href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007040502#_ftn4" title="_ftnref4"><sup><sup>[4]</sup></sup></a></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En esta obra no se recurrir&aacute; a las respuestas elaboradas por los "expertos" o por los "especialistas", ya que la <em>especializaci&oacute;n en la totalidad</em> es un contrasentido. Tampoco podremos intentar construir nuestra propia respuesta, puesto que partimos de la percepci&oacute;n de que los hombres de esta &eacute;poca ya <em>no sabemos</em> c&oacute;mo hacerlo. Ensayaremos, entonces, <em>aprender a preguntar</em>. Para ello no recurriremos a los especialistas sino a los <em>maestros</em> del pensamiento, a los grandes fil&oacute;sofos de la historia. Ciertamente que no podremos recurrir a todos, ni siquiera a todos los m&aacute;s grandes o los m&aacute;s reconocidos, pero ello no es imprescindible ya que buscamos <em>iniciarnos</em> en este aprendizaje y no cerrarlo o concluirlo. Tampoco podremos detenernos en la riqueza o en la densidad de pensamiento de alg&uacute;n autor en particular, pero buscaremos algunas pistas, se&ntilde;ales, caminos o m&eacute;todos que nos permitan <em>desolvidar</em> el pensamiento de la totalidad.</p><p align="justify"></p><p align="justify">6. <em>Polis</em> y filosof&iacute;a</p><p align="justify"></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Qu&eacute; es la filosof&iacute;a? Martin Heidegger dice que tanto la palabra "filosof&iacute;a" como la pregunta "&iquest;qu&eacute; es...?" <em>hablan en griego</em>. Cuando dice que "hablan en griego", no se refiere a que hayan sido inventadas por las griegos o expresadas en ese idioma, sino que tienen que ver con algo <em>propio</em> de los griegos y que no se puede comprender del todo sin tomar conciencia de lo que los griegos viv&iacute;an y hab&iacute;an inventado.</p><p align="justify">Para comprender lo que quiso decir Heidegger, hay que considerar que la filosof&iacute;a nace en Grecia ligada a otro invento t&iacute;picamente griego como es la <em>polis </em>. De este t&eacute;rmino derivan palabras castellanas como "pol&iacute;tica" y "polic&iacute;a". Los polic&iacute;as son los que cuidan o defienden a la <em>polis</em>, y la pol&iacute;tica es la actividad por la cual una <em>polis</em> se organiza y se gobierna. El t&eacute;rmino <em>polis</em> no tiene una traducci&oacute;n que sea adecuada. Se lo suele traducir por "ciudad" o por "ciudad-estado", pero ambas traducciones son inapropiadas por lo siguiente: cuando se traduce por "ciudad" se tiene la idea de un conjunto de edificios, calles, plazas, barrios, avenidas, etc; a diferencia de otros lugares donde no hay edificios como, por ejemplo, el campo. Pero la <em>polis</em> no tiene que ver con la urbe, sino con una <em>forma de vida</em> particular que surgi&oacute; entre los griegos, alrededor de lo que podr&iacute;amos llamar la plaza p&uacute;blica o el <em>&aacute;gora</em>.</p><p align="justify">Traducir <em>polis</em> por "ciudad-estado" tampoco es adecuado porque se entiende por Estado el aparato administrativo, el gobierno de una comunidad. As&iacute; entendido, el Estado se contrapone, en general, a la sociedad, que es el conjunto de los hombres que viven en com&uacute;n, asociados. La <em>polis</em> no es una forma de gobierno (ha habido diferentes formas de gobierno de la <em>polis</em>), sino que hace referencia a c&oacute;mo los griegos se organizaron a s&iacute; mismos en comunidad. La <em>polis</em> es la forma propia de los griegos de la vida en com&uacute;n. Es una instituci&oacute;n in&eacute;dita en la antig&uuml;edad. No exist&iacute;a, antes de los griegos, una forma de vida como la que se desarroll&oacute; en las <em>polis</em>. </p><p align="justify">&iquest;Qu&eacute; es lo in&eacute;dito en la <em>polis</em>? Todas las formas de organizaci&oacute;n de los pueblos anteriores asum&iacute;an que hab&iacute;a alguien que por alguna raz&oacute;n natural o sobrenatural estaba destinado a mandar sobre los dem&aacute;s y era el que tomaba las decisiones y establec&iacute;a las leyes. En todas las formas anteriores de vida en com&uacute;n, la decisi&oacute;n acerca de qu&eacute; era l&iacute;cito y qu&eacute; no era l&iacute;cito, qu&eacute; se pod&iacute;a hacer y qu&eacute; no, qui&eacute;n viv&iacute;a y qui&eacute;n mor&iacute;a, estaba en manos de un solo hombre, ya sea el emperador, el rey, el fara&oacute;n, etc.. El poder se concentraba en uno y los dem&aacute;s se encontraban subordinados a las decisiones de este uno. Los griegos, en cambio, inventaron una instituci&oacute;n en la que todos los ciudadanos participaban en com&uacute;n en las decisiones sobre los problemas comunes. No se trata de discutir acerca de <em>todos</em> los problemas: por ejemplo, si alguien quiere comprar un par de zapatos m&aacute;s caros o m&aacute;s baratos o si trata bien o mal a mis hijos o si tiene una situaci&oacute;n pr&oacute;spera o se encuentra en la miseria, ello s&oacute;lo incumbe a &eacute;l y a su familia o a grupo de pertenencia, pero no es algo com&uacute;n a todos los <em>polites</em> o ciudadanos. Pero si el gobierno oprime a los ciudadanos o si atacan los persas o si la sequ&iacute;a ha hecho que se pierdan las cosechas, no son problemas de un ciudadano o de una familia o de un barrio, porque los que viven en el centro como los que viven en la periferia tienen el mismo problema si el gobierno no respeta las libertades o si invaden los persas o si no hay alimentos suficientes.</p><p align="justify">Los problemas que son comunes a todos requieren ser discutidos y resueltos en com&uacute;n. La forma de resolver este tipo de problemas que los griegos inventaron es abrir un &aacute;mbito, un lugar, donde cada uno pueda plantear libremente los proyectos de soluci&oacute;n para que, despu&eacute;s de deliberar en com&uacute;n, todos los ciudadanos puedan resolver lo que se va a hacer. Por supuesto, para que esto pueda llevarse a cabo, son necesarias varias <em>condiciones</em>. La primera de ellas es que se haya renunciado a tomar decisiones por medio de la violencia. Si se creyese que el que tiene m&aacute;s fuerza es el que tiene el derecho a decidir en &uacute;ltima instancia, entonces siempre los que est&eacute;n en una posici&oacute;n de debilidad estar&aacute;n excluidos de la decisi&oacute;n. En definitiva, las cuestiones se definir&iacute;an de la misma manera que en culturas anteriores: arbitrariamente. La primera condici&oacute;n para que este sistema funcione, entonces, es que se haya renunciado a hacer la voluntad a trav&eacute;s de la fuerza, de la violencia.</p><p align="justify">Una segunda condici&oacute;n es que los proyectos y los planteos que cada uno haga, sean mediatizados por la palabra. Esta es la raz&oacute;n por la cual, en la Antigua Grecia, la palabra y la deliberaci&oacute;n empiezan a tener un papel preponderante en la organizaci&oacute;n de una comunidad. Anteriormente, s&oacute;lo ten&iacute;a relevancia la palabra de Dios o la palabra del Rey. Era una palabra que mandaba, que daba &oacute;rdenes y que reclamaba obediencia incondicional. Pero, con los griegos, no basta con obedecer las &oacute;rdenes que se imparten, sino que adem&aacute;s hay que encontrar un forma por la cual la mejor soluci&oacute;n sea la que todos acepten y obedezcan, y para esto es necesario dar argumentos, es decir, poder fundamentar lo que se dice. Si alguien cree que sabe lo que hay que hacer ante un problema determinado, tiene que dar alg&uacute;n tipo de argumentos para mostrar que esa soluci&oacute;n es mejor que la que propone otro.</p><p align="justify">La preeminencia de la palabra, que comienza a aparecer como una condici&oacute;n de la vida en la <em>polis</em>, implica tambi&eacute;n un cierto ordenamiento o jerarquizaci&oacute;n de las palabras y esto es lo que podemos llamar la "l&oacute;gica argumentativa". Este tipo de resoluci&oacute;n de problemas a trav&eacute;s del di&aacute;logo, de la discusi&oacute;n o de la argumentaci&oacute;n es lo que se vincula directamente con la filosof&iacute;a.</p><p align="justify">La filosof&iacute;a es, en alguna medida, una especie de ordenamiento, de sistematizaci&oacute;n de estos procedimientos, de estos modelos, por los cuales se busca la verdad. Se trata de una verdad que no est&aacute; inmediatamente ligada al poder, que no depende del poder, como era en todas las concepciones antiguas, anteriores a la de los griegos, en las cuales el lugar del poder y el de la verdad coincid&iacute;an. A veces, estos lugares aparecen m&iacute;nimamente diferenciados, como cuando al lado del rey est&aacute; el brujo, el sacerdote, el mago o alg&uacute;n otro personaje que encarna el "saber". En esos ejemplos, el poder y el saber aparecen personalizados en dos individuos distintos. De todas maneras el saber es como una funci&oacute;n del rey, del que detenta el poder. El sabio solamente presta su palabra y da sus consejos, pero el que toma las decisiones en definitiva es el soberano.</p><p align="justify">En la <em>polis</em>, el &aacute;mbito del poder y del saber se disocian, es decir que aunque alguien no tenga mayor fuerza o mayor poder que otros, sin embargo, puede volcar la decisi&oacute;n del conjunto a su favor, si su propuesta es mejor, si la puede justificar de la mejor manera o si puede convencer al conjunto. Es decir que, desde el comienzo, la filosof&iacute;a aparece vinculada a esta forma de organizaci&oacute;n de la comunidad, que podemos llamar "democr&aacute;tica", entendiendo por tal cuando el conjunto participa en la toma de decisiones de lo que es com&uacute;n a todos ellos. No hay que confundir este significado con el de la democracia moderna, representativa, con parlamento, partidos pol&iacute;ticos, etc. A diferencia de la democracia moderna, la organizaci&oacute;n de la <em>polis</em> griega requiere una <em>participaci&oacute;n directa</em>. No hay representantes sino que cada uno de los ciudadanos ocupa su lugar, tiene su palabra y su voto en la asamblea que toma las decisiones.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta forma de organizaci&oacute;n de la vida que inventaron los griegos es lo que hace posible la <em>autonom&iacute;a</em> en las decisiones. "Aut&oacute;nomo" es el que se da las leyes a s&iacute; mismo, el que no depende de las &oacute;rdenes de otro, el que no depende de la decisi&oacute;n que toma el otro, sino que hace lo que decide por s&iacute;, conjuntamente con otros. Por esta raz&oacute;n, tanto la <em>polis</em> como la filosof&iacute;a son muy recelosas de la autonom&iacute;a y la valoran por sobre todas las cosas. De manera tal que toda actividad que no sea aut&oacute;noma, que sea una actividad dependiente, subordinada, es algo despreciable y todo aquello que "sirve para", es algo subordinado. Si alguien realiza alguna cosa que "sirve para" tal otra, lo que tiene valor es esa otra cosa para la cual se est&aacute; haciendo la actividad, no la actividad misma. Entonces, una actividad que est&aacute; en funci&oacute;n de otra cosa, una actividad que "sirve para", por definici&oacute;n, no es valiosa en s&iacute; misma, porque no es aut&oacute;noma, no vale por s&iacute; misma, vale por la otra hacia la que se dirige y de la cual depende. En la cultura actual suele preponderar la valoraci&oacute;n inversa: lo que "vale" es aquello "que sirve", a tal punto que resulta dif&iacute;cil encontrar ejemplos de actividades que valgan por s&iacute; mismas. </p><p align="justify">Estos rasgos de las <em>polis</em> griegas se obtienen destacando las semejanzas y prescindiendo de las diferencias hist&oacute;ricas concretas, es decir, por <em>abstracci&oacute;n.</em> Las instituciones concretas evolucionan a trav&eacute;s de los siglos, transitando por situaciones diversas, no son iguales al comienzo, en el curso de su desarrollo hist&oacute;rico o al final. La <em>polis</em> real fue pasando por diferentes grados y formas de participaci&oacute;n: m&aacute;s o menos populares, m&aacute;s o menos violentas. Si se hace abstracci&oacute;n de los momentos particulares del desarrollo hist&oacute;rico de la <em>polis</em>, puede decirse que participaban todas las clases sociales. Por otro lado, no hay que olvidar que los <em>polites</em> o ciudadanos participantes en las decisiones comunes <em>no son todos los habitantes</em> sino s&oacute;lo los varones nativos mayores de edad. </p><p align="justify">Cada <em>polis</em> era aut&oacute;noma con respecto a las otras. La <em>polis</em> es <em>local</em>, est&aacute; circunscripta a un lugar, a diferencia de una naci&oacute;n o un imperio que integra distintas regiones, lugares u organizaciones. La <em>polis</em> es una organizaci&oacute;n local, en la que s&oacute;lo tienen participaci&oacute;n los que han nacido en ese lugar. Los extranjeros, si son nativos de otra <em>polis</em>, tienen derecho a hablar pero no a decidir, no votan. Los ni&ntilde;os, las mujeres y los esclavos no participaban de la asamblea ni pod&iacute;an hablar en ella. No eran considerados ciudadanos.</p><p align="justify">Hay una jerarquizaci&oacute;n de los tipos humanos hecha por Arist&oacute;teles que puede resultar ilustrativa para aclarar el tema de la participaci&oacute;n (si bien fue hecha en la &uacute;ltima &eacute;poca de la <em>polis</em>, cuando esta instituci&oacute;n ya estaba en crisis y en proceso de disoluci&oacute;n). Arist&oacute;teles dice que lo que es propiamente humano es lo que los griegos llamaban <em>l&oacute;gos</em> y que podemos traducir por "raz&oacute;n" y "palabra". Lo que distingue a los hombres de los otros seres vivos es esta capacidad de hablar y de resolver las cuestiones a trav&eacute;s de la palabra, de razonar y argumentar. Por eso es que las distintas definiciones de "hombre" de Arist&oacute;teles, utilizan algunos de &eacute;stos t&eacute;rminos: "El hombre es un ser vivo que vive en <em>polis</em>"; "el hombre es un ser vivo racional"; "el hombre es un ser vivo que habla". Pero los distintos tipos humanos participan de la raz&oacute;n en <em>grados diferentes</em>. Seg&uacute;n Arist&oacute;teles, hay tres formas diferentes de participar de la raz&oacute;n o de ser racionales, porque la raz&oacute;n tiene tres niveles y no todos los hombres alcanzan los tres niveles:</p><p align="justify">1. Est&aacute;n los hombres que s&oacute;lo tienen la capacidad de <em>comprender</em> lo racional, lo que les permite obedecer y ejecutar las &oacute;rdenes que se les dan. As&iacute;, los esclavos son humanos de una condici&oacute;n inferior, ya que s&oacute;lo pueden comprender lo que se les manda pero, como dir&iacute;a Nietzsche, no son capaces de mandarse a s&iacute; mismos.</p><p align="justify">2. Est&aacute;n los seres humanos que tienen una participaci&oacute;n mayor que aquellos que s&oacute;lo entienden lo que se les ordena, que son los que adem&aacute;s de comprender y obedecer, son capaces de <em>tomar decisiones.</em> En este nivel est&aacute;n, por ejemplo, las mujeres.</p><p align="justify">3. Est&aacute;n, finalmente, los hombres que alcanzan el nivel superior, que es la capacidad de <em>deliberar</em>. No se trata solamente de plantear respuestas a las cuestiones (respuestas mejores o m&aacute;s racionales), sino que adem&aacute;s pueden evaluar las condiciones de los problemas, lo que es propiamente deliberar. </p><p align="justify">Desde el comienzo de la &eacute;poca moderna se ha extendido la creencia de que los hombres son naturalmente iguales. Por compartir este supuesto, los hombres de los &uacute;ltimos siglos creen estar en una posici&oacute;n m&aacute;s evolucionada y superior a la de los griegos, sin embargo, este esquema sigue utiliz&aacute;ndose, por ejemplo, en las empresas actuales. En las empresas modernas existe un directorio que tiene la capacidad de deliberar, tomar decisiones, dar &oacute;rdenes y dirigir al conjunto, hay un estamento ejecutivo o gerencial que toma decisiones a partir de las orientaciones que da el directorio y despu&eacute;s est&aacute; la gran masa de los trabajadores que son los que obedecen a sus jefes (los que tambi&eacute;n, en los distintos niveles, obedecen &oacute;rdenes). La &uacute;nica diferencia entre la concepci&oacute;n de los griegos y la moderna, desde esta perspectiva, es que los modernos consideran estas diferencias como algo meramente <em>funcional</em> mientras que los griegos cre&iacute;an que eran <em>naturales</em>.</p><p align="justify">Por otra parte, hay que considerar que una imagen muy difundida de los esclavos de los griegos es la que los representa como bestias sometidas al l&aacute;tigo o condenados a trabajo forzado en las galeras -imagen a la que ha contribuido el cine de Hollywood durante algunos a&ntilde;os- no suele ser muy adecuada a la realidad hist&oacute;rica. Los esclavos de los griegos ten&iacute;an distintos niveles y jerarqu&iacute;as. La mayor&iacute;a de ellos eran sirvientes de las casas (<em>oikos</em><a name="_ftnref5" href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007040502#_ftn5" title="_ftnref5"><sup><sup>[5]</sup></sup></a>), eran propiedad de las familias. Incluso hubo entre ellos muchos que se dedicaban a la educaci&oacute;n de los ni&ntilde;os de la familia.</p><p align="justify">En consecuencia, los "ciudadanos" eran solamente aquellos que ten&iacute;an capacidad de deliberaci&oacute;n, o sea, los varones nativos adultos (los que han pasado la adolescencia, los que pueden procrear y combatir). </p><p align="justify">Un primer rasgo que hay que tener en cuenta, entonces, es esta vinculaci&oacute;n esencial entre el nacimiento de la filosof&iacute;a, entendida como la exigencia de argumentar con razones y de deliberar en com&uacute;n y este funcionamiento de la instituci&oacute;n de la <em>polis</em>: la resoluci&oacute;n de los problemas comunes en com&uacute;n. </p><p align="justify"></p><p align="justify">7. Pregunta y di&aacute;logo</p><p align="justify"></p><p align="justify">Un segundo rasgo, que es necesario destacar, es la importancia de la palabra y del di&aacute;logo como medio de resoluci&oacute;n de los conflictos. En la vida ordinaria, las discusiones sobre los temas comunes (por ejemplo, sobre pol&iacute;tica o f&uacute;tbol), suelen terminar en insultos, enemistades e incluso golpes, dejando la sensaci&oacute;n de que se ha perdido el tiempo porque no se ha logrado conciliar las distintas perspectivas. En la mayor parte de los casos, este resultado insatisfactorio se debe a que los interlocutores parecen no entenderse o no escucharse, como si no hablasen en el mismo idioma. Esto se debe a que las palabras que se utilizan tienen distintas acepciones, distintos significados. Se utilizan las mismas palabras, pero al utilizarlas con distintos significados, se producen equ&iacute;vocos y desacuerdos, como si se hablase con palabras distintas. O es a&uacute;n peor, porque si se utilizasen palabras distintas se sabr&iacute;a que hay una diferencia en lo que cada uno est&aacute; diciendo, en cambio, al hablar con las mismas palabras pareciera que se est&aacute; hablando de lo mismo cuando no es as&iacute;. Cuando una palabra tiene distintas acepciones o significados se dice que es <em>equ&iacute;voca</em> y esto es lo que en general ocurre con todos los t&eacute;rminos de la lengua. "Equ&iacute;voco" no quiere decir que es err&oacute;neo o equivocado, sino que tiene distintas acepciones, que significa distintas cosas.</p><p align="justify">Los griegos se dieron cuenta de esta dificultad inherente al lenguaje y tambi&eacute;n plantearon una soluci&oacute;n a este problema. La soluci&oacute;n consisti&oacute; en la invenci&oacute;n de un tipo de preguntas que ten&iacute;an una misma estructura: "&iquest;<em>qu&eacute; es</em> esto?" Esta pregunta permite eliminar el equ&iacute;voco de una palabra porque exige una <em>definici&oacute;n</em>.</p><p align="justify">La definici&oacute;n consiste en la determinaci&oacute;n del significado del t&eacute;rmino que se est&aacute; utilizando. Definirlo es "ponerle fin" a la discusi&oacute;n acerca de cu&aacute;les son las caracter&iacute;sticas que hacen al significado de un t&eacute;rmino. En lugar de que uno le asigne determinadas caracter&iacute;sticas y otro le asigne otras caracter&iacute;sticas, la definici&oacute;n "pone fin" a la ambig&uuml;edad delimitando las caracter&iacute;sticas, de-fin-iendo el t&eacute;rmino. La definici&oacute;n es siempre la respuesta a esa pregunta: "&iquest;qu&eacute; es esto?" No solamente qu&eacute; es la "filosof&iacute;a", sino tambi&eacute;n qu&eacute; es el "banco", qu&eacute; es un "ser humano", qu&eacute; es la "sociedad", qu&eacute; es la "mujer", qu&eacute; es "hablar"... Responder a estas preguntas es definir el t&eacute;rmino por el que preguntamos<a name="_ftnref6" href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007040502#_ftn6" title="_ftnref6"><sup><sup>[6]</sup></sup></a>.</p><p align="justify">La definici&oacute;n da por resultado un <em>concepto</em>. El concepto es un t&eacute;rmino que se ha definido, que se ha delimitado en su significado. Este invento de los conceptos y de la definici&oacute;n, suele atribuirse a S&oacute;crates, un fil&oacute;sofo ateniense de fines del siglo V a.C.. <img class="centroenm" src="/upload/20070407220228-socrates1.jpg" border="0" alt="20070407220228-socrates1.jpg" width="179" height="300" /></p><p align="justify"></p><p align="justify">S&oacute;crates dedic&oacute; gran parte de su vida a la molesta actividad de andar preguntando a los otros "&iquest;qu&eacute; es esto?" Sobre todo preguntaba a la gente que se supon&iacute;a que sab&iacute;a sobre esas cosas o sobre esos temas. Lo que hac&iacute;a era preguntar al que era entendido en alguna cosa, preguntarle sobre eso en lo que era entendido. Por ejemplo, a un juez le preguntaba qu&eacute; es la justicia, a un pol&iacute;tico le preguntaba qu&eacute; es el gobierno, qu&eacute; es el poder, a un soldado qu&eacute; es el valor, en qu&eacute; consiste la valent&iacute;a, etc.. A los que se supon&iacute;a que conoc&iacute;an algo, les preguntaba en busca de las respuestas a estas preguntas. A veces, como el equ&iacute;voco del lenguaje est&aacute; presente en todas las actividades, estas personas que se supon&iacute;a que sab&iacute;an m&aacute;s sobre alg&uacute;n tema o alguna actividad, incurr&iacute;an en contradicciones: defin&iacute;an los t&eacute;rminos de una manera y despu&eacute;s, en el curso posterior del di&aacute;logo, los defin&iacute;an de otra o de otras. Cuando las distintas definiciones dentro del mismo discurso<a name="_ftnref7" href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007040502#_ftn7" title="_ftnref7"><sup><sup>[7]</sup></sup></a> se excluyen mutuamente, se anulan la una a la otra. Si primero se dice: -"todas las mesas est&aacute;n hechas de madera"- y despu&eacute;s se afirma: -"esta mesa no es de madera, sino de metal"-; las dos definiciones <em>no pueden ser ambas verdaderas</em>. Ya que s&oacute;lo una puede ser verdadera, si se mantienen las dos, se anulan mutuamente.</p><p align="justify">Cuando se incurre en una <em>contradicci&oacute;n</em>, todo lo que se dice se anula por ser incoherente y el que estaba hablando queda en rid&iacute;culo, porque se hace manifiesto que no sab&iacute;a lo que dec&iacute;a saber<a name="_ftnref8" href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007040502#_ftn8" title="_ftnref8"><sup><sup>[8]</sup></sup></a>. Esta es una situaci&oacute;n bastante inc&oacute;moda para cualquiera, y por esta raz&oacute;n, las personas que "saben" tratan de evitar a quienes hacen preguntas molestas o se abstienen de hablar para no quedar en rid&iacute;culo. Esta actividad inc&oacute;moda que incomoda, llev&oacute; a S&oacute;crates a tener que enfrentar un juicio. El juicio se entabl&oacute; a ra&iacute;z de tres acusaciones principales: una era introducir nuevos dioses en la <em>polis</em>, otra era no rendir honores a los dioses y otra era corromper a la juventud a trav&eacute;s de sus ense&ntilde;anzas. En ese juicio, S&oacute;crates fue condenado a muerte y &eacute;l mismo ejecut&oacute; la condena del tribunal bebiendo voluntariamente el veneno que acab&oacute; con su vida y neg&aacute;ndose a huir para salvar la vida al precio de transgredir la ley. Aplicar la pena por propia mano es lo que corresponde a hombres libres, ya que si un hombre libre reconoce que a obrado indignamente, lo justo es que &eacute;l mismo se aplique el castigo.</p><p align="justify"><img class="centroenm" src="/upload/20070407214457-la-muerte-de-socrates.jpg" border="0" alt="20070407214457-la-muerte-de-socrates.jpg" width="568" height="371" /></p><p align="justify"></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para S&oacute;crates, la filosof&iacute;a no tiene que ver con problemas puramente "te&oacute;ricos" o especulativos ni con situarse en una posici&oacute;n neutra u "objetiva" frente a la realidad. Por el contrario, piensa que el fil&oacute;sofo (o cualquiera que haya alcanzado alg&uacute;n grado de saber) es en la misma medida de su saber un hombre justo, alguien que est&aacute; comprometido con las leyes y con las costumbres<a name="_ftnref9" href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007040502#_ftn9" title="_ftnref9"><sup><sup>[9]</sup></sup></a> (<em>ethos</em>) de su comunidad. S&oacute;crates pensaba que la misma coherencia que hay en los hechos naturales o en los discursos verdaderos debe regir las acciones de un hombre justo. Por esta raz&oacute;n prefiri&oacute; morir para cumplir con la sentencia del tribunal que lo hab&iacute;a condenado a muerte y no ser incoherente con las leyes de su comunidad sobornando a los guardias y huyendo a otra ciudad. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S&oacute;crates dec&iacute;a que necesitaba dialogar con los otros y hacerles preguntas porque "no sab&iacute;a". Insist&iacute;a una y otra vez en que era la propia ignorancia la que lo hab&iacute;a conducido a esa actividad molesta. Aconsejaba, sobre todo a los que se consideran m&aacute;s sabios, ponerse en el lugar del que no sabe. Se llama "iron&iacute;a" a aquella actitud que cuestiona las verdades m&aacute;s arraigadas desde el no saber e "ir&oacute;nico" al que asume tales actitudes.</p><p align="justify">La iron&iacute;a socr&aacute;tica, esta actividad de hacer preguntas desde el lugar del no saber, ha quedado como un ejemplo y como un modelo para toda la filosof&iacute;a posterior, y desde entonces se ha considerado a la filosof&iacute;a como algo molesto, como una actividad que incomoda. El mismo S&oacute;crates hablaba de esta incomodidad y se comparaba con un t&aacute;bano que molesta al buey y no lo deja dormir. As&iacute; tambi&eacute;n S&oacute;crates molestaba a la <em>polis</em> de Atenas, para que no se durmiera, para que no aceptara su forma de vida sin evaluarla, sin cuestionarla. La filosof&iacute;a es esta actividad que molesta a los ciudadanos de la <em>polis</em> y no los deja dormirse ni dejarse llevar por las costumbres, por los h&aacute;bitos, por las creencias imperantes. Vuelve a preguntar cada vez: "Vivimos de manera m&aacute;s justa que los otros, pero &iquest;qu&eacute; es la justicia?" "Somos m&aacute;s valerosos que aquellos a los que derrotamos en la batalla, pero &iquest;qu&eacute; es el valor?" Volv&iacute;a a preguntar lo que se daba por obvio, lo que se daba por natural, por sabido, por conocido. S&oacute;crates dedic&oacute; su vida a esta actividad de hacer preguntas o, por lo menos, a hacer cierto tipo de preguntas, porque no todas las preguntas tienen el mismo efecto "molesto", no todas las preguntas incomodan de esta manera. El tipo de preguntas que producen ese efecto son, por ejemplo, "&iquest;qu&eacute; es esto?" o tambi&eacute;n: "&iquest;por qu&eacute; es esto?", o sea, &iquest;cu&aacute;l es la causa?, &iquest;cu&aacute;l es el motivo? o &iquest;cu&aacute;l es la raz&oacute;n? El hacer este tipo de preguntas es una actividad a la que se ha llamado "filosof&iacute;a".</p><p align="justify"></p><p align="justify">8. La distinci&oacute;n entre <em>mithos</em> y <em>l&oacute;gos</em>: el saber de los <em>sofos</em> y la filosof&iacute;a</p><p align="justify"></p><p align="justify">El t&eacute;rmino "filosof&iacute;a", en realidad, es bastante tard&iacute;o, porque lo comienza a utilizar reci&eacute;n Plat&oacute;n. No se usaba todav&iacute;a en el tiempo de S&oacute;crates (que es una generaci&oacute;n anterior a Plat&oacute;n). Entonces no se hablaba de fil&oacute;sofos ni de filosof&iacute;a sino de <em>sofistas</em>. Los sofistas eran un tipo de sabios, eran personas que hab&iacute;an desarrollado alg&uacute;n saber en alguna actividad o en alg&uacute;n oficio. Antes de los sofistas se hablaba del <em>sofos</em>, del "sabio". El <em>sofos</em> es el sabio en el &aacute;mbito m&iacute;tico-religioso, alguien que tiene un saber que no es propiamente humano sino divino. Seg&uacute;n el significado que ten&iacute;a en tiempos de Plat&oacute;n, el <em>sofos</em> ten&iacute;a un saber que le era "inspirado" por los dioses. Los poetas son <em>sofos</em> en este sentido, pues lo que dice el poeta no se basa en su propio saber sino en lo que le es "inspirado", en lo que le "sopla" el dios. El poeta dice lo que el dios le manda decir. En ese sentido la sabidur&iacute;a de los poetas es tomada como una sabidur&iacute;a divina.</p><p align="justify">El saber de los <em>sofos</em>, de los sabios, es anterior a la filosof&iacute;a: es un saber que podemos llamar m&iacute;tico o m&iacute;tico-religioso. <em>Mithos</em> es un t&eacute;rmino griego que significa "palabra", "relato", "cuento". Los mitos relatan el origen de la realidad o de alguna cosa de la realidad, y siempre ese origen remite a un tiempo originario, a un tiempo primordial en el cual intervinieron los dioses. En el origen de todas las cosas siempre hay alg&uacute;n tipo de intervenci&oacute;n divina. </p><p align="justify">Para los griegos, los dioses no estaban m&aacute;s all&aacute; del <em>kosmos</em> o del universo de cosas que existen, sino que eran parte del universo. En su concepci&oacute;n, el <em>kosmos</em> est&aacute; formado por los dioses, los hombres, los animales, los vegetales y los minerales, es decir, por todos los seres que existen. Los dioses no est&aacute;n en un &aacute;mbito <em>m&aacute;s all&aacute;</em> del <em>kosmos</em> (no son "trascendentes" al universo) sino que est&aacute;n <em>dentro</em> del <em>kosmos</em>, y de alguna forma conviven con los hombres, incluso se mezclan, se pelean, enga&ntilde;an, envidian, se aman, entre ellos y con los hombres. Hay una comunicaci&oacute;n y una circulaci&oacute;n entre el &aacute;mbito del humano y el &aacute;mbito de lo divino. Hay hombres que se divinizan, hay dioses que se vuelven mortales, porque estos &aacute;mbitos no est&aacute;n separados, como en la tradici&oacute;n judeo-cristiana, donde ambos niveles son inconmensurables, porque nada de lo creado puede abarcar o contener al Creador. Lo que distingue a los dioses de los hombres en la tradici&oacute;n griega, en cambio, es que los primeros son inmortales y los segundos son mortales. Los dioses inmortales conocen el <em>destino</em> y los mortales lo padecen, o lo conocen padeciendo. No obstante, tanto los dioses como los hombres est&aacute;n sujetos al destino, aunque los inmortales, al conocer el destino pueden evitar ser perjudicados o destruidos por &eacute;l, en cambio, los mortales siempre acceden tard&iacute;amente al conocimiento. </p><p align="justify">El mito siempre tiene que ver con alguna intervenci&oacute;n de los dioses que ha dado origen a alguna realidad, por eso se trata de una explicaci&oacute;n que podemos llamar "gen&eacute;tica": c&oacute;mo algo se ha generado a partir de la intervenci&oacute;n del dios. El mito no ten&iacute;a para los griegos el significado que ha llegado a tener despu&eacute;s del siglo XVIII: el de relato falso. Al contrario, el mito es la "palabra verdadera". Es la palabra que dice c&oacute;mo verdaderamente son las cosas, y no c&oacute;mo se nos aparecen. El mito relata c&oacute;mo algo se ha generado y en ese sentido es real, es la verdadera realidad, no es una fantas&iacute;a o una alucinaci&oacute;n o una ficci&oacute;n, que en definitiva es falsa. La palabra <em>mithos</em> significa, entonces, "palabra verdadera", es el relato del origen de la verdadera realidad.</p><p align="justify">Tambi&eacute;n el t&eacute;rmino griego <em>l&oacute;gos</em> significa palabra y palabra verdadera. De <em>l&oacute;gos</em>, que se suele traducir por "raz&oacute;n", viene el t&eacute;rmino castellano "l&oacute;gica". <em>L&oacute;gos</em> significa lo mismo que <em>mithos</em>, significa tambi&eacute;n palabra, s&oacute;lo que es una palabra que tiene otra estructura, ya no remite a este origen divino sino que el <em>l&oacute;gos</em> refiere al orden de las cosas, el orden de la realidad, desde su fundamento. Conociendo el fundamento, se puede tambi&eacute;n abarcar todo lo que est&aacute; sostenido sobre ese fundamento. Conocer las cosas como son es la pretensi&oacute;n del <em>l&oacute;gos</em>, y "cosas" en lat&iacute;n se dice <em>res</em>, de donde viene el t&eacute;rmino "realidad", o sea que la realidad son las cosas. Cuando se dice: -"quiero conocer la realidad"-; eso significa lo mismo que: -"quiero conocer las cosas, las cosas como son"-. "Las cosas como son", significa no lo que las cosas son <em>para m&iacute;</em>, sino las cosas como son <em>en s&iacute; mismas</em>.</p><p align="justify">La filosof&iacute;a surgi&oacute; con la exigencia del conocimiento de la realidad de las cosas tal como son, m&aacute;s all&aacute; de lo que <em>parecen ser</em>. El <em>parecer</em> remite a un observador: lo que parece es siempre <em>para</em> m&iacute; o <em>para</em> alguien. Por esta raz&oacute;n, siempre hay una multiplicidad de pareceres o de puntos de vista sobre las cosas, pero la realidad es &uacute;nica. Las cosas son tal como son en realidad, independientemente del punto de vista. Si es posible conocer la realidad de las cosas, eso real tiene que ser &uacute;nico y permanente, tiene que ser siempre lo mismo, no puede cambiar, porque de lo contrario, el conocimiento verdadero no ser&iacute;a posible. Con el fin de evitar los equ&iacute;vocos y posibilitar la comunicaci&oacute;n, hasta que pueda encontrarse una definici&oacute;n m&aacute;s adecuada, se va a entender por "verdad", cuando lo que se dice o lo que se afirma se corresponde o coincide con lo que las cosas son en realidad. Cuando lo que se dice no coincide con la realidad, entonces, lo que se dice es falso.</p><p align="justify">Resta aclarar qu&eacute; significa "realidad". Algunos entienden por la realidad lo que puede ser percibido por los sentidos. En esta acepci&oacute;n, la verdad consistir&aacute; en que lo que se diga coincida con lo que se percibe por los sentidos. Pero, los antiguos griegos argumentaban que no puede ser real <em>lo que es y no es</em>, lo que a veces parece de una manera y otras veces parece de otra. Sosten&iacute;an que la realidad tiene que <em>ser permanente</em>, que no puede ser cambiante, porque si la realidad fuese cambiante, entonces, no podr&iacute;a haber verdad. Si alguien dijese: -"esta cosa real tiene esta caracter&iacute;stica"-, y la cosa nombrada cambiase, lo que se dijo ya no coincidir&iacute;a con la "cosa", que dej&oacute; de ser la que era, porque cambi&oacute;. S&oacute;lo puede ser conocido verdaderamente lo que es permanente y s&oacute;lo a eso hay que llamar real o realidad. La consecuencia que se desprende de esto es que aquello que cambia no es real, porque de lo contrario, la realidad ser&iacute;a incognoscible. No puede haber distintos significados que se refieran a la misma realidad. Si hubiere m&aacute;s de uno, s&oacute;lo uno podr&iacute;a se adecuado a la realidad. A los otros les sobrar&aacute; algo o les faltar&aacute; algo, pero no pueden coincidir dos distintos con la cosa tal como es. El color de la rosa puede cambiar porque no es m&aacute;s que una apariencia, el producto de la percepci&oacute;n, pero la rosa es siempre lo mismo. Si variase alguna de sus caracter&iacute;sticas ya no se tratar&iacute;a de una rosa sino de alguna otra flor. La "cosa" rosa es siempre lo mismo. La rosa real es siempre la misma aunque cambien las apariencias. Se podr&aacute;n observar distintos colores, distintas formas, pero la rosa es siempre la rosa. La rosa tiene determinadas caracter&iacute;sticas propias independientemente de que yo la conozca o de que la conozca alguien.</p><p align="justify">La pretensi&oacute;n de la filosof&iacute;a es conocer esto permanente, o sea, lo real, conocer la realidad. Se trata de conocer lo que se puede conocer, de lo &uacute;nico que puede haber verdad.</p><p align="justify"></p><p align="justify">9. Gu&iacute;a de preguntas</p><p align="justify"></p><p align="justify">1. &iquest;En qu&eacute; sentido la filosof&iacute;a puede definirse como un "gusto por lo complejo"? 2. &iquest;Qu&eacute; significa "pensar"? 3. &iquest;Qu&eacute; vinculaci&oacute;n hay entre la filosof&iacute;a y la pasi&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; pasiones son necesarias para el cultivo de la filosof&iacute;a? 4. Cuando se habla de "introducci&oacute;n" a la filosof&iacute;a o "iniciaci&oacute;n" en la filosof&iacute;a, &iquest;qu&eacute; equ&iacute;vocos hay que evitar? 5. &iquest;Qu&eacute; significa que la filosof&iacute;a es "hist&oacute;rica"? 6. &iquest;A qu&eacute; se llama "incertidumbre sobre la totalidad"? 7. &iquest;Qu&eacute; se entiende por dominio de la "instrumentalidad" o "irracionalidad de los fines"? 8. &iquest;Por qu&eacute; es necesario insistir en las preguntas? 9. &iquest;Qu&eacute; significa que los problemas de nuestra &eacute;poca son globales? 10. &iquest;C&oacute;mo se relacionan la funci&oacute;n cr&iacute;tica de la filosof&iacute;a y el ser una actividad inconveniente? 11. &iquest;Por qu&eacute; raz&oacute;n sostiene Deleuze que la filosof&iacute;a que no entristece no es filosof&iacute;a? 12. &iquest;Qu&eacute; quiere decir que el t&eacute;rmino "filosof&iacute;a" habla en griego? 13. &iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n hay entre filosof&iacute;a y <em>polis</em>? 14. &iquest;Cu&aacute;les son las condiciones que hacen posible el funcionamiento de la <em>polis</em>? 15. &iquest;Por qu&eacute; la autonom&iacute;a y la libertad son valores fundamentales para la <em>polis</em> y para la filosof&iacute;a? 16. &iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n hay entre la "raz&oacute;n", la <em>polis</em> y la filosof&iacute;a? 17. &iquest;Cu&aacute;l es la funci&oacute;n de la pregunta en filosof&iacute;a? 18. &iquest;Cu&aacute;l es la relaci&oacute;n entre <em>l&oacute;gos</em> y <em>mythos</em>?</p><p align="justify"></p><div><hr width="33%" size="1" /></div><p align="justify">&nbsp;</p><p align="justify"><a name="_ftn1" href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007040502#_ftnref1" title="_ftn1"><sup><sup>[1]</sup></sup></a> &nbsp;El t&eacute;rmino griego <em>p&oacute;lemos</em>, del que deriva la palabra castellana "pol&eacute;mica", significa "discordia", "lucha", "guerra", "pelea".</p><p align="justify"><a name="_ftn2" href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007040502#_ftnref2" title="_ftn2"><sup><sup>[2]</sup></sup></a> Cf. Heidegger, M.: <em>Introducci&oacute;n a la filosof&iacute;a</em>, Madrid, Ediciones C&aacute;tedra, 1999, pp. 17-21.</p><p align="justify"><a name="_ftn3" href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007040502#_ftnref3" title="_ftn3"><sup><sup>[3]</sup></sup></a> Deleuze, G.: <em>Nietzsche y la filosof&iacute;a</em>, Barcelona, Editorial Anagrama, 1971, p. 149.</p><p align="justify"><a name="_ftn4" href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007040502#_ftnref4" title="_ftn4"><sup><sup>[4]</sup></sup></a> Deleuze, G.: 1971, p. 150.</p><p align="justify"><a name="_ftn5" href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007040502#_ftnref5" title="_ftn5"><sup><sup>[5]</sup></sup></a> De los t&eacute;rminos griegos <em>oikos</em> y <em>nomos</em> deriva la palabra castellana "econom&iacute;a", que significa etimol&oacute;gicamente "la ley de la casa".</p><p align="justify"><a name="_ftn6" href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007040502#_ftnref6" title="_ftn6"><sup><sup>[6]</sup></sup></a> Conviene aclarar aqu&iacute; que en este tema hay dos interpretaciones que, muchas veces, no logran distinguirse. Por un lado, se ha entendido que la respuesta a la pregunta "&iquest;qu&eacute; es esto?" define los rasgos o caracter&iacute;sticas <em>de la cosa</em> por la que se pregunta. Por ejemplo, si se pregunta "&iquest;qu&eacute; es un hombre?", la respuesta determinar&aacute; todas las caracter&iacute;sticas propias de los hombres reales. Por otro lado, se ha sostenido que la respuesta a aquella pregunta determina los rasgos <em>de la palabra</em> por la que se pregunta, es decir, su significado. Por ejemplo, si se pregunta "&iquest;qu&eacute; es un banco?", la respuesta ser&aacute;: en este contexto banco significa "un mueble que sirve para sentarse". En este &uacute;ltimo caso no se est&aacute; haciendo referencia a la "cosa", al objeto de la realidad al que se llama "banco", sino al significado que tiene el t&eacute;rmino "banco" en el contexto actual del habla. </p><p align="justify"><a name="_ftn7" href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007040502#_ftnref7" title="_ftn7"><sup><sup>[7]</sup></sup></a> Por "discurso" hay que entender "lo que se dice".</p><p align="justify"><a name="_ftn8" href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007040502#_ftnref8" title="_ftn8"><sup><sup>[8]</sup></sup></a> Esta concepci&oacute;n de lo que se dice supone un concepto de la verdad definida como "coherencia". Para esta concepci&oacute;n es verdadero todo lo que se deriva sin contradicci&oacute;n de una verdad aceptada y es falso todo lo que contradiga una verdad aceptada. </p><p align="justify"><a name="_ftn9" href="/admin.php?opcion=modificararticulo&amp;idarticulo=2007040502#_ftnref9" title="_ftn9"><sup><sup>[9]</sup></sup></a> Los antiguos pensaban que as&iacute; como hay leyes que determinan la naturaleza, que ordenan sus regularidades y sus ciclos, tambi&eacute;n hay leyes que rigen las acciones humanas. Estas leyes "naturales" son las costumbres (ethos). De aqu&iacute; que la <em>&eacute;tica</em> sea el conocimiento sobre las leyes que gobiernan la acci&oacute;n de los hombres, que se&ntilde;alan lo correcto y lo incorrecto, lo justo y lo injusto.</p>]]></description><pubDate>Thu, 05 Apr 2007 06:53:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
